El Paraíso
Miércoles 19 de febrero del 2025
MAMITA Y EL SS UNITED STATES
TRAS EL PRIMER VIAJE DE MICHEL A EUROPA, me llegó el turno de emprender mi propia travesía al viejo continente, con destino principal en Múnich, en noviembre de 1958. A mi regreso, en febrero de 1959, Mamita se mostró entusiasmada con mis relatos sobre mil descubrimiento de Europa y decidió que había llegado su momento de conocerla. Junto a su querida amiga Felicitas García, planearon realizar el viaje ese mismo año.
DADAS LAS CONDICIONES ECONÓMICAS TANTO DE NUESTRA FAMILIA como de Felicitas, Michel y ellas acordaron que la mejor época para partir sería en Navidad de ese año. Así emprendieron una travesía de tres semanas por Europa, visitando Londres, París, Roma y Madrid. Para la víspera de Año Nuevo se encontraban en Barcelona, donde me uní a ellas. En aquel invierno, yo residía en Viena y tomé un tren que me llevó a través de los majestuosos Alpes y a lo largo de la costa mediterránea francesa hasta la capital catalana.
POR AQUELLAS FECHAS, LILI HABÍA VIAJADO CON MEMÉ y su hermana Marthe a Toulouse, para visitar a la familia francesa, y a Barcelona, para encontrarse con sus parientes españoles. Esto nos brindó la oportunidad de reunirnos en un par de ocasiones, compartir comidas y conocer a su familia. Recuerdo el enorme "piso" —como llaman en España a los departamentos— en la calle Trafalgar, donde vivían la abuela de Lili junto a sus tíos y primos. De todos ellos, la única persona realmente afable era su tía: una mujer hermosa, alegre y llena de encanto.
Mamita y yo, junto con su pequeño grupo de mexicanos, celebramos el Año Nuevo en el hotel donde se hospedaban. Al día siguiente, ellos partieron rumbo a Madrid, mientras que yo regresé a Viena. Con mis diecisiete años, me sentía completamente seguro de mis decisiones, moviéndome con facilidad, precaución y entusiasmo por Europa. Mi estancia llegó a su fin en febrero, cuando volví a México.
MAMITA ME RECIBIÓ CON ILUSIÓN Y ME RELATÓ CON EMOCIÓN los detalles más fascinantes de su viaje. Sin embargo, dejó para el final la narración de su travesía de regreso por el Atlántico Norte. Movida por la romántica idea de navegar en un transatlántico, ella y su amiga Felicitas decidieron regresar en el SS United States, desde Le Havre hasta Nueva York. Lo que jamás había imaginado, ni visto en alguna película o documental, era que cruzar el Atlántico Norte en enero no era precisamente una elección afortunada. El clima era gélido, el mar embravecido, los vientos huracanados, y todo aquel ensueño de zarpar en un lujoso navío se esfumó con el violento vaivén del buque, que apenas podía resistirse a la furia del océano. La elegancia de los banquetes desapareció rápidamente entre el caos y el temor de los pasajeros, para quienes el destino del Titanic no debía estar muy lejos de sus pensamientos.
EL SS UNITED STATES —CUYO NOMBRE RESPONDÍA A STEAM SHIP UNITED STATES— había tenido su viaje inaugural apenas hacía un año. Se trataba del primer transatlántico de lujo construido por Estados Unidos, diseñado para competir con los legendarios Normandie, Queen Elizabeth, Queen Mary y Mauritania, famosos por su servicio y velocidad. Fiel a la tradición norteamericana, el SS United States había sido construido para ser el más grande y rápido del mundo, logrando una travesía récord de tan solo tres días y algunas horas, batiendo definitivamente la marca de velocidad de crucero. Con una estructura completamente de acero, líneas modernas e innovadoras instalaciones, era imponente. Sin embargo, su servicio dejaba mucho que desear en comparación con el refinamiento europeo, el cual se había perfeccionado durante siglos en el arte del savoir vivre.
PARA MAMITA, LO QUE PROMETÍA SER UN PLACENTERO CRUCERO se convirtió en una verdadera pesadilla. Los mareos, el estruendo del oleaje golpeando contra la estructura de la nave y la falta de un servicio atento, generoso y refinado hicieron que la experiencia fuera insoportable. Al arribar a Nueva York, juró que nunca más en su vida volvería a embarcarse en un transatlántico, promesa que cumplió hasta el final de sus días.
APENAS DIEZ AÑOS DESPUÉS DE SU VIAJE INAUGURAL, el SS United States fue retirado del servicio. A pesar de haber transportado a varios presidentes de los Estados Unidos y a numerosas personalidades, no pudo competir con la elegancia de los cruceros europeos ni con la rapidez y comodidad de los vuelos transatlánticos, que reducían la travesía a tan solo ocho horas con la llegada de los jets. Errores de visión, deficiencias en la calidad del servicio y la incapacidad de adaptarse a los nuevos tiempos llevaron al SS United States a quedar anclado en un muelle de la costa Este de Estados Unidos, olvidado con el paso de los años.
DÉCADAS MÁS TARDE, CUANDO LILOU, XAVIER Y YO llegamos a Filadelfia, donde había sido invitado a presidir la Universidad de las Artes, nos dirigimos rápidamente a IKEA para adquirir algunos muebles y enseres domésticos. Cuál sería mi sorpresa al sentarnos en la cafetería a disfrutar de un salmón ahumado con mostaza agridulce y, al mirar por la ventana, descubrir la imponente silueta del SS United States, atracado en un muelle justo enfrente de la tienda escandinava. Nos acercamos a contemplarlo desde lejos y tomamos algunas fotografías, que más tarde compartí con Mamita. A pesar de los recuerdos aterradores de su travesía, aquella imagen también despertó en ella una dulce nostalgia por el viaje que había realizado más de cuarenta años atrás.
SESENTA Y CINCO AÑOS HAN TRANSCURRIDO DESDE AQUEL MEMORABLE viaje de Mamita y hoy, el SS United States avanza lentamente, jalado por un remolcador, a lo largo de las costas del Atlántico, caboteando los Estados Unidos, como lo marca el artículo abajo. Su destino final será hundirse cerca de las playas de Florida para transformarse en un arrecife artificial. Allí, en las profundidades del océano, servirá de hogar a una vibrante vida marina, será explorado por intrépidos buzos y guardará para siempre los recuerdos y secretos de todas las aventuras vividas por sus pasajeros mientras surcó los mares, incluyendo las angustias de Mamita,
Artículo del NYT sobre el SS United States en su último viaje:
Leave a comment