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Reflexiones

FOTOCARIBE123 — En Busca de la Luz - Eric Blanc Maunier

April 7, 2025

REFLEXIONES

El Paraíso, 7 de Abril del 2025

FOTOCARIBE123 — En Busca de la Luz - Eric Blanc Maunier

La mejor fotografía de Eric no es una que él haya tomado, sino aquella capturada por un compañero de aventuras. Sentado en el asiento del copiloto de un avión monomotor Cessna, con casco de comunicación cubriéndole las orejas, gafas de sol, cabellos rubios y finos, bañado por la luz del sol que lo corona desde atrás, su sonrisa revela una satisfacción profunda: alegría, entusiasmo y serenidad por hallarse, por fin, en el lugar soñado desde siempre—volando, inmerso en una aventura digna de su héroe Tintín, imaginando una hazaña y, por supuesto, tomando fotos.

Nuestras vidas se cruzaron bajo múltiples circunstancias desde su nacimiento. Fue un niño curioso, lleno de ilusiones y sueños, alerta, gracioso, de buenos modales, cariñoso y dulce; a veces sorprendido por la vida, otras azorado por las circunstancias, pero siempre rebosante de buena voluntad y buen humor. Estos rasgos lo acompañaron durante toda su vida, incluso en su edad adulta y en los momentos extraordinariamente adversos que tuvo que enfrentar.

Kourou era, en aquel entonces, un asentamiento solitario en la costa de la Guayana Francesa. En los años sesenta, cuando la fiebre espacial invadía al mundo, Francia decidió no quedarse atrás y eligió ese enclave cercano al Ecuador como su base espacial. Así comenzó el desarrollo de Kourou y, hacia 1970, llegaron Lucien, Marthe y el pequeño Eric, nacido en Toulouse. El lugar, poblado por jóvenes técnicos franceses, no era propicio para Marthe ni para el niño. Pronto se marcharon, dejando atrás una comunidad cerrada y poco acogedora. Comenzaba así la vida itinerante de Eric, guiada por los cambios de residencia de su madre.

Vivir en Cayena y trasladarse diariamente a Kourou era la única opción viable, dado lo precario del asentamiento original. Esa fue la dura realidad de sus padres, especialmente de Marthe. Tal vez la atmósfera astronáutica de aquel entorno sembró en Eric, desde su niñez, la fascinación por la tecnología. Luego vivió en Francia y, tras el divorcio de sus padres, se trasladó a México a muy temprana edad.

Visitaba a su padre en Francia, acompañado por su madre, aunque la relación con su madrastra no era cordial. A pesar de todo, cultivó un vínculo afectuoso con su media hermana. Lucien residió en México durante un tiempo y Eric lo visitaba los fines de semana, aunque con cierto desencanto: no sentía de su padre ni calidez ni afecto. De niño, compartía una relación entrañable con su primo Alex. Jugaban a Batman y Robin, tomaban clases de karate y Eric se presentaba con simpatía como: “Me llamo Eric, Armand, Robert, el Francés”, lo que provocaba sonrisas. Su madre le había ocultado un libro sobre sexualidad, así que él solía consultarlo a escondidas en casa de su primo, mientras lo cuidaba cuando éste fumaba, también a escondidas, en el jardín.

Durante su adolescencia visitó Boston y Montreal. Estudió en el Liceo Francés en México, e intentó seguir la carrera de ingeniería, pero su pasión desde siempre fue la fotografía, vocación a la que entregó su vida entera.

Tomó numerosos cursos, y en California se especializó en temas de formato, iluminación y composición. Fue un visitante habitual de Samy’s Camera, célebre tienda para fotógrafos profesionales, donde invirtió gran parte de sus recursos. Aprovechaba los viajes familiares para surtirse de material en México. Trabajó primero en Ciudad de México y luego en Cuernavaca, pero fue en Cancún donde realmente despegó su carrera como fotógrafo turístico.

Los primeros años fueron arduos. Su simpatía, integridad, carácter afable y disciplina fueron claves en su desarrollo profesional. Fundó su empresa Fotocaribe 123. Cubría todo el espectro del destino turístico: playas, hoteles, gastronomía, bodas, arquitectura, fauna, modelos, festivales, arqueología… siempre curioso, atento, dedicado y luchador. En un entorno competitivo y a menudo dominado por agencias internacionales, nunca se rindió, aun cuando proyectos prometedores se desmoronaban inesperadamente.

Eric tenía muchas facetas de intereses. Un día, charlando, compartió conmigo su pasión por la música New Age y me la explicó, enseñándome a descubrir un mundo cultural inesperado, que siempre le agradecí

En alguna ocasión le pregunté: ¿Qué buscas, Eric?

Me contestó: Busco la Luz

La UNESCO lo convocó para colaborar en proyectos culturales y periodísticos. Asesoró propuestas de Campeche y Mérida para su designación como Patrimonio de la Humanidad. Trabajó para el Getty Conservation Institute en África, Europa y América, colaborando con ICCROM, CRATERRE y múltiples instituciones mayas.

Sus fotografías y artículos fueron publicados en revistas y libros de renombre: México Desconocido, Vuelo, Escala, Northwest Airlines, Frommer’s, Arqueología Mexicana, Conservation, Enciclopedia Británica, y el diario canadiense Globe and Mail, entre muchos otros.

Su vida social fue discreta, limitada por su salud y economía. Todo cambió cuando apareció Claudia: su musa, su ángel, su compañera perfecta. Una amiga, cansada de verla sola, la inscribió en un sitio de citas sin que ella lo supiera. Eric la encontró y comenzaron a hablar. Pronto él viajó a Querétaro, adonde ella vivía, acompañado por Marthe. Según cuenta ella, cuando Eric y Claudia se vieron por primera vez, chispearon centellas de amor a primera vista. Iniciaron así una historia que superó toda adversidad, sostenida por un amor profundo, sincero y eterno.

Document image 1Lo mejor que pudo sucederle a Eric, en su complicada y difícil vida fue encontrarse con Claudia, cuyo amor, devoción, dedicación, cariño y entrega siempre han sido totales y mutuos. Almas gemelas sin igual.

Cerca de los 20 años descubrió que era diabético. Con admirable disciplina, cuidó su salud por más de tres décadas. No obstante, padecía poliquistosis, enfermedad hereditaria que también afectó a su padre a temprana edad. Hace dos años, sus riñones comenzaron a fallar. Requirió hemodiálisis y un trasplante urgente. Buscó ayuda en un primo médico en Francia. Claudia y él se consagraron a la búsqueda de una solución que resultó impresionantemente costosa, y solo cubierta parcialmente por la generosidad de amigos. El terrible y triste desenlace, inevitable, ocurrió al atardecer, en una clínica privada de Mérida, con su amada y devota Claudia a su lado, su suegra, y espiritualmente rodeado de todos los que lo amaron.

¿Qué decir ante la pérdida de un hombre joven, puro, dulce, generoso, gentil, abierto, alegre, creativo, disciplinado, amoroso, luchador y esencialmente bueno? Arrancado en plena vida, lleno de promesas, compañero sincero, amigo leal, esposo ejemplar, hijo devoto. Su memoria vive en nuestras anécdotas, nuestras risas, nuestras lágrimas, y, como diría el gran Atahualpa Yupanqui, lo llevaremos siempre en el corazón:

Desparejo es el camino
Hoy ando senderos ásperos
Piso la espina que hiere
Pero mi huella está abajo
Tal vez un día la encuentren
Los que sueñan caminando
Yo les daré, desde lejos
Mi corazón de regalo

Eric, Armand, Robert ya encontró la Luz.

MAC070425

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