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Reflexiones 9

La Era Del Espacio

LA ERA DEL ESPACIO

1 de Marzo 2014

HAY DOS ESTABLECIMIENTOS EN ABUNDANCIA EN ESTAMBUL. Uno de ellos son las farmacias que se llaman Eczane en turco y de las cuales hay, en algunas ocasiones, dos o tres en la misma cuadra. El otro es Simit Sarayı o sea el Palacio de las SImit. Las simit son unas roscas de pan cubiertas de ajonjolí que, cuando están recién salidas del horno, calientitas y crujientes son deliciosas. Prácticamente en cada esquina de las calles de Estambul hay un señor con un carrito vendiendo simit. Los establecimientos SImit Sarayi son una cadena de restaurantes que todos tienen en la entrada una marquesina en color roja naranja enorme que anuncian el nombre y que son muy concurridos. Estas reflexiones me venían a la mente cuando íbamos rumbo al aeropuerto a las cinco y media de la mañana porque lo único que se veía en las calles eran estos anuncios de Simit Sarayı prendidos y las puertas abiertas para hacer negocios y todos los anuncios de las Eczane, también prendidos aunque aun no abiertos.

Las farmacias es un negocio que no entiendo muy bien porque las medicinas son ultra baratas, subsidiadas por el gobierno, me imagino, pero de lo mas liberales. Puedo uno comprar prácticamente cualquier medicina, sin receta, y el farmacéutico se las arregla para encontrar exactamente el equivalente que necesitas aunque sea una marca o un nombre diferente pero con exactamente los mismo ingredientes. La única píldora que yo tomo se llama Ramipril de 10 mg, para la hipertensión. En una farmacia americana, a precio normal cuesta $128 dólares. A mí me la venden en Los Angeles en $8.25 porque la diferencia la paga Medicare. En Estambul la compro por 10 Liras Turcas, sin Medicare, que a la tasa de cambio ahora es un poco mas de $4.00 dólares! Y así con todo. Cómo pueden los dueños de las farmacias hacer negocio si los precios son tan bajos y las farmacias tan abundantes? Quién sabe, pero el farmacéutico amigo de Sabâ que tiene su negocio a unas cuadras del departamento hace su agosto cuando estamos por allá porque nos llenamos de todos los productos habidos y por haber que vamos a necesitar durante los próximos meses.

Nunca he comido en un Simit Sarayı pero si he comido unas simits y, como decía anteriormente, calientitas y crujientes son deliciosas. Todo el día a toda hora en las calles, las gentes van caminando con una bolsa de dos o tres simit que llevan a su casa u oficina o que, de plano, sin aguantarse más, las van comiendo mientras caminan. Cuando Pelin llega a la casa, trae una bolsa de simit que ella, Deniz y Sabâ de inmediato atacan y comen con gran placer, a veces solas, a veces con un poco de queso, a veces con compota de cerezas agrias (que es otra especialidad) pero siempre con gran placer.

Como era domingo, la ciudad estaba totalmente oscura a las cinco y media de la mañana. Al principio se me ocurrió que la gente dormía tarde y que no se iba a trabajar temprano pero luego me acorde que por ser domingo poca gente estaba despierta. Yarvuz, el chofer que con frecuencia nos atiende, nos pasó a recoger y nos llevó al aeropuerto con celeridad, aunque parándose a ponerle gasolina al coche, lo que me sorprendió por que, si eres chofer, debes llegar con el coche listo y no pararte a la mitad del camino para ponerle gasolina, pero en fin, si este es el estilo, este es el estilo!

Checamos nuestro equipaje a Houston porque nos quedaríamos una noche ahí, ya que el avión de Frankfurt llegaba 30 minutos después de que salía el avión a Mérida. El viaje largo y todo de día. Sabâ sabiamente se durmió unas ocho horas y yo unas cuatro. Al llegar a Houston pasamos por el nuevo control de pasaportes que es automático, con unas maquinas que te hacen preguntas y te toman una foto. La ultima vez que entramos a EEUU viniendo de Mérida pasamos directamente de las maquinas a recoger el equipaje, pero esta vez la maquina de Sabâ no leía bien el pasaporte y tuvo que hacer cola para pasar migración y aunque mi maquina sí sirvió, también tuve que hacer cola para una revisión humana. Salimos bien y nos fuimos en una vagoneta a una estación central en donde están todas las compañías que rentan coches de donde nos fuimos finalmente al hotel Ramada cerca del aeropuerto en donde cenamos una ensalada Cesar de room service con un salmón de Ikea que habíamos traído en la maleta para este propósito.

SOY HIJO DE LA ERA DEL ESPACIO PORQUE RECUERDO COMO SI FUERA ayer el momento en que el primer satélite fabricado por humanos fue puesto en órbita por los soviéticos. Se llamaba Sputnik y causo no solamente una enorme sensación mundial sino una consternación absoluta en los Estados Unidos porque de pronto se dieron cuenta los gringos que estaban retrasadísimos en la conquista del espacio. Los ejércitos soviéticos arrasaron con todos los técnicos alemanes nazis que eran especialistas en combustibles para los cohetes V1 y V2 que lanzaron sobre Londres en una primera guerra de terrorismo civil (que tuvo como consecuencia la destrucción total de Dresden por los aliados); y los ejércitos gringos arrasaron con todos los científicos alemanes nazis que eran especialistas en navegación. Ambos países se olvidaron rápidamente del pasado nazi de estos dos bandos de científicos, los acogieron en sus laboratorios y universidades, les perdonaron haber sido nazis y los pusieron a trabajar en lo único que sabían hacer que eran cohetes para lanzar al espacio. Los soviéticos se adelantaron y los gringos empezaron a tratar de alcanzarlos hasta que, finalmente, respondieron al reto del presidente Kennedy de poner a un hombre en la luna – y regresarlo vivo.

El Vicepresidente era Lyndon Johnson Y Kennedy lo habia puesto a cargo del Comité Directivo de la naciente NASA. Por eso Johnson jugó una gran parte en convencer a Kennedy para lanzar ese reto. Los primeros cohetes eran controlados desde Cabo Cañaveral en Florida, pero cuando se volvieron mas expertos los americanos, crearon la base de control de la misión en el espacio en Houston (“Houston. We have a Problem”) que en su momento fue bautizada como el Lyndon Baines Johson Space Control Center.

Fue ahí donde nos dirigimos Sabâ y yo el lunes 25 de Febrero en la mañana para ver lo que tantas veces habia yo visto en la televisión. El Centro de Control de las Misiones Espaciales de Nasa. El campus fue donado por la Universidad Rice y construido, a propósito, como un gran campus universitario, pero sin edificios notables por su arquitectura sino por su sencillez practica. Por el momento trabajan unas 10 mil gentes en diferentes proyectos de la NASA. Ahí está el Control de Misión inicial desde que empezó el programa de Gemini, con dos astronautas en una capsula dándole vueltas a la Tierra, hasta el principio del taxi espacial pasando por el programa Apollo. Todo sucedió desde ese control de misión. Ahora existe un centro de control muy diferente, ahí mismo, que no se puede visitar pero el centro de control inicial se ha quedado intacto y ahora es un monumento histórico nacional y con toda razón.

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Lo que es verdaderamente sorprendente es ver los equipos que usaban los ingenieros del centro de control en aquella época, incluyendo los teléfonos rotativos que están en cada una de las consolas. Toda la sala de control de mando se puede ver desde la galería construido ex profeso para los visitantes ilustres que querían observar las misiones pero que la NASA no quería que interrumpieran a los técnicos. Hubo dos jefes de misiones en aquellas épocas, uno era Chris Craft, como las lanchas marinas de motor y el otro Gene Kranz, que siempre se identificaba por ser el único en la sala que portaba un chaleco (de la buena suerte) que ahora es parte de la colección del Smithsonian en Washington.

Lo notable es que Kranz tendría unos 32 o 33 años cuando era el Jefe de Control de Misión y los ingenieros eran chicos en sus veintes, recién egresados de las universidades y, según la moda de entonces, todos de camisas blancas de manga corta con corbatas oscuras, algunos fumando dentro de la sala de control (vaya que han cambiado los tiempos!) y completamente entregados a lo que estaban haciendo. Desde ahí pasaron las primeras “caminatas” por el espacio, todas las misiones de Apollo, incluyendo el primer descenso del hombre en la Luna y los primeros envíos del taxi espacial. Fue hasta 1998 cuando cambiaron el Control de Misión y se pasaron ya a un espacio mas contemporáneo y mas sofisticado tecnológicamente. Se nos olvida, por ejemplo, que el primer cohete que alunizó tenia menos capacidad de cómputo que un coche de hoy…

Visitamos también un enorme hangar, como de dos campos de futbol de largo y unos 10 pisos de altura en donde tienen a los prototipos que están utilizando para preparar las próximas misiones.

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Y, además, vimos el hangar en el que se quedó el último cohete Saturno para la ultima misión del programa Apollo que el Congreso de Estados Unidos decidió cancelar. El cohete está en un hangar que tiene de largo lo que un edificio de 40 pisos tiene de alto, así que es impresionante verlo de cerca y pensar que en la puntita de ese enorme cohete estaban tres individuos esperando el despegue que los llevaría a la misión lunar.

Despues de visitar el Saturno fuimos al museo en donde nos subimos a un simulador de vuelo de la próxima generación del taxi espacial que, como los otros, despegará viendo hacia el cielo y aterrizará viendo a la Tierra. Con los efectos de movimiento, vibración, sonidos y una enorme pantalla que simula la vista desde la cabina, es una experiencia fantástica que dura cinco minutos pero que le da a uno el sabor de lo excitante de estas misiones.

La parte del museo del Centro Espacial ya se ve vieja, usada y antigua. Desafortunadamente no han tenido fondos para renovarla y poder hacer de este museo algo equivalente al Museo del Aire y del Espacio que está en Washington DC y que es una maravilla. Aparentemente ahora fuera de DC hay otro museo que aun no he visitado y que tiene muchos de los vehículos que estuvieron en el espacio.

Es notable pensar en el poder extraordinario de los seres humanos cuando se dan en cuerpo y alma a una labor que empezó siendo motivada por un temor militar de supremacía de los soviéticos y que ahora termina siendo una labor de investigación. El Conejo de los chinos en la Luna ya no funciona mas, pero deja vislumbrar que el espacio seguirá siendo la linterna que todos buscan en la experiencia de la aventura humana de exploración y es, de hecho, la frontera inalcanzable.

NUESTRA LLEGADA A MERIDA FUE SIN TROPIEZOS Y NOS INSTALAMOS en Xcanchakán con mucho gusto después de tanto tiempo en Estambul. Ahora estamos adentrados en los nuevos proyectos del Festival de Árbol de Luz en Diciembre de este año y en las Conversaciones que Transforman.

No describo todo esto en estas reflexiones porque ya tengo tres presentaciones que les haré llegar cuando estemos de regreso en Los Angeles.

Pero si me gustaría mencionar que tuvimos una comida en la Hacienda en la que Suzanne Booth, que nos ha ayudado tanto en proyectos de conservación, vino para celebrar su cumpleaños con 38 amigas a Yucatán y uno de los eventos fue la comida que fue deliciosa porque la preparo la dueña del restorán al que vamos en Celestún, así que estuvo riquísima

Nos estamos preparando ya para irnos de aquí y seguir buscando formas de generar recursos y, al mismo tiempo, de estar activos en las cosas que parecen más interesantes por el momento.

Estamos pensando en un plan de 10 años que, para mi, ya tiene un significado diferente y que quiero que sea realista, por lo que estas reflexiones, si las sigo escribiendo, pudieran ser un poco el resumen de las próximas jornadas de mi vida.

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