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Reflexiones 15

7 de Agosto del 2014

7 de Agosto del 2014

EL MICH

HACE UN SIGLO, MENOS UN AÑO NACIÓ, en Chiapa de Corzo, Ángel María Corzo Blanco, hijo de Adelina Blanco Corzo y del Prof. Angel Mario Corzo. Fue bautizado en la capilla de Nuestro Señor del Calvario con ese nombre de pila porque su Padrino, Manuel Blanco, conocido como “el Palli”, hermano de Adelina, quería honrar a su compadre, Ángel Mario Corzo, Afortunadamente prevalecieron los espíritus más razonables y, en el acta del Registro Civil, quedó como Miguel Ángel Corzo Blanco. Su madre había estudiado hasta el cuarto año de primaria; su padre era maestro rural. La familia, que continuó creciendo después de Miguel Angel, que fue el tercer hijo, llegó a ser de 11 hermanos y hermanas, de los cuales cuatro fallecieron a cortas edades, dos de ellas gemelas. Era una familia pobre en donde los hermanos no usaban zapatos o huaraches porque no había con qué comprarlos. El Prof. Corzo daba clases de primaria y Adelina, La Chunca (que es el nombre al que se le da a la mas pequeña de la familia) manufacturaba “candelas” o velas de parafina, en su casa, para ayudar a sostener a la numerosa familia. Era tiempo de la Revolución y la vida presentaba retos insuperables.

Miguel Ángel navegó por la vida con muchos nombres, apodos y motes: Miguelito (como le decía Minita Ruiz, madre de la tía Minita, esposa de Esteban Corzo); Jejeya (como le decían los primos González Blanco haciendo alusión de que, cuando era pequeño y se negaba ir a la escuela, llorando, exclamaba: “Noquero ir a la jejeya”; Miguel Ángel, como le dijo siempre su esposa, sus hermanos y hermanas; Hijo, como le dijo siempre su madre; Papá , como le dije yo la mayoría de mi vida; Maestro, como le decían sus alumnos y sus reportes directos en el trabajo; Licenciado, como le decían sus colegas; Señor, como le decían los empleados de la casa; Don Miguel, como le decían los chiapanecos; Michel, como se autonombró en su tercera edad y le decíamos en la familia y los amigos de la familia, a partir del momento en que insistió en que todos le hablaran en la forma familiar de ”tu”; y finalmente Mich, como le empezaron a decir su hermano Mane y Alex, y Lilou y Xavier, en algunas ocasiones, en sus últimos años, o El Mich, cuando hablaban con ternura de él.

“PARA CUANDO SEAS JOVEN: CULTIVA LA VOLUNTAD DE APRENDER PARA QUE PUEDAS ALCANZAR LAS METAS QUE TE PROPONGAS.” En mi afán de tener un libro de autógrafos, que se habían puesto muy a la moda cuando tenia unos nueve años, le pedí a mi Papá que me diera su autógrafo. En lugar de escribir las papillas que todo mundo pone en estas ocasiones, él escribió la frase mas arriba que me tardé muchos años en comprender en su plenitud. Era, como todas las cosas que decía o escribía Michel, un reto más que planteaba, seguramente el reflejo de los retos que él empezó a plantearse desde antes de sus nueve años.

Toda su vida Michel cultivó la voluntad de aprender. De niño aprendió el catequismo en la iglesia del pueblo. En la escuela aprendió a leer y escribir. En la secundaria y preparatoria aprendió latín, cultura greco romana y etimologías. A los trece años compró un método de mecanografía y lo dominó, haciendo lo que ahora llamamos “multitasking”: es decir aprendió mecanografiando entera la obra monumental de Cervantes Don Quijote de la Mancha. Su destreza con la maquina de escribir le valió a los 14 años un puesto de “meritorio” en un Juzgado, es decir sin salario y ganando solo lo que los abogados querían darle por hacer copias en el Juzgado del Distrito Federal en donde copiaba todas las Actas que le solicitaban los abogados litigantes, pues no existían las máquinas de copiado. Ahí conoció a Faustino Estrada, uno de tres personajes que le cambiaron la vida. Antes de recibirse de abogado ya trabajaba con Faustino y después fue su socio en varios negocios. Con él aprendió el negocio de la construcción de bienes raíces.

En la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, aprendió a escudriñar y analizar los códigos y los casos jurídicos con un rigor científico sin igual. Escribió una breve tesis conceptual que le valió el Summa cum Laude y el título de Licenciado en Derecho

Aprendió francés, que balbuceaba con mucha gracia; aprendió inglés leído con un dominio absoluto, aunque fue incapaz de hablarlo con cualquier dosis de claridad. De su futura suegra, que le daba clases, aprendió a tocar el piano con una maestría tal que podía tocar el primer movimiento del segundo concierto de, Tchaikovski, como si fuera el gran pianista Paderewsy.

Cuando yo estudiaba en el Liceo, aprendió de mí Física y Matemáticas y, más tarde, cuando estaba en UCLA, aprendió Calculo Diferencial y Astrofísica, así como cualquier otro tema que yo le comentara. Y cuando digo aprendió, verdaderamente lo hizo, porque las preguntas constantes y autenticas que me hacía después eran difíciles para mi poder contestarlas, tal era su conocimiento.

UNA IMAGEN QUE QUEDA GRABADA EN LA MENTE DE TODOS es Michel, acostado en la cama, leyendo, leyendo, leyendo. Desde mi niñez hasta sus últimos años mi recuerdo es que leía, leía, leía y cuando alguien entraba a verlo, dejaba el libro al lado, tocaba el borde de la cama y decía “Siéntate y platícame algo interesante.” Si pensaba uno que no tenia nada interesante que platicarle, ese no era un problema, él se ocupaba de hacer pregunta tras pregunta tras pregunta ad infinitum, siempre atento, siempre interesado, siempre retando y siempre aprendiendo.

Su disciplina férrea y su pulcritud obsesiva lo llevaron, a partir de los 13 años, a ir a la “Güay”, como le decía a la YMCA, para poder ducharse todas las mañanas sin tener que competir con siete hermanos y hermanas que aspiraban a utilizar el único baño del departamento en que vivían los Corzo Blanco

Una amistad de la “Y” lo convenció que sometiera una solicitud para ser apoyado como becario para ir a la Feria Mundial de Nueva York de 1939, a la que llegó en el coche de los patrocinadores de la beca, ellos manejando desde México, para “Ver el Mundo del Mañana” que definitivamente tuvo una enorme influencia en cómo vio el futuro, porque su admiración por la tecnología lo llevó a tratar de entenderla y a integrarla en su plan de desarrollo personal y familiar

Su afán de aprender inglés lo llevó a venir a Los Ángeles, supuestamente por seis meses, regresándose a México a los escasos dos. Mamita se quedaba cuidándome.

Tenia interés en la arqueología prehispánica, pero sobre todo una pasión desenfrenada por la arqueología greco romana y cómo estaba ligada ésta a los textos y a las historias.

A semejanza de su gran amigo Manuel Alcalá, un maravilloso erudito, me recitaba en latín la Eneida, el poema épico de Virgilio,:

Arma virumque cano, Troiae qui primus ab oris. Italiam, fato profugus, Laviniaque venit litora…” Canto a las armas y hombres, el primero que desde las costas de Troya hacia Italia y a las playas lavinias vino prófugo… “

Igualmente me recitaba las Catilinarias de Cicerón:

“Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?

Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?

Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia? ¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?

Todo esto era una excusa para poderme plantear el valor y la habilidad retórica de Cicerón ( que era uno de sus héroes) al enfrentarse al problema de la rebeldía de Catilina, que se negaba a aceptar los resultados de los comicios romanos en los que había perdido el Consulado. Era un ejercicio intelectual para retar mis valores y mis principios morales, sociales y políticos.

Cuando empecé a ser mas pulido en mis idiomas me retaba en permanencia con etimologías y con rompecabezas gramaticales.

Después fue el primero de su familia en ir a Europa y posteriormente el único de su familia en darle la vuelta al mundo, que fue tema de su primer libro “En Busca del Ocaso. Ese viaje fue otra experiencia trascendente que le marcó un derrotero definitivo a su vida como humanista y clasicista. Fue un viajero incansable visitando además África del Norte al Sur y del Este al Oeste, Israel, Turquía, todo Europa del Este al Oeste y otros lugares que se mencionan más adelante.

IR CON MICHEL A UN MUSEO ERA UN EJERCICIO DE SADO-MASOQUISMO. Cuando tenia 10 años estaba en Nueva York unos días cuando llegó Michel a visitar a Mamita y a mi. Me llevó al Museo Metropolitano y estuvimos parados frente a una pintura probablemente unos quince minutos, que a mi me parecían dos horas, y luego frente a otra y a otra y, por si eso fuera poco, me llevó al Museo de Arte Moderno, que estaba recién inaugurado, y en donde se exhibía el famoso Guernica de Picasso que, por ser totalmente diferente al estilo clásico que Michel apreciaba y entendía, requirió de al menos treinta minutos para verlo, que para mi eran como dos horas bajo el agua. Tal era su sed de aprender en los museos que las horas no contaban para el, fueran museos de historia, de arte, de ciencias, de historia natural o de guerra.

Pero ese afán de aprender era infeccioso y esa disciplina era algo a lo que algunos aspirábamos y otros rechazábamos por completo. Sus hermanos y hermanas, que lo quisieron mucho, siempre lo estaban bromeando por estos rasgos de su personalidad, con envidia, pero con admiración.

SIEMPRE TUVO UN BUFETE JURIDICO INDEPENDIENTE Y TODOS SUS AMIGOS presumían de él, diciendo que nunca había perdido ningún juicio, lo que fue en efecto el caso. Ya retirado y como asesor jurídico de su hermano Manuel, su marca de invencible quedó intacta. Eso hacía que grandes jurisconsultos de México, como el Dr. Eduardo Pallares, lo llamaran para pedirle consejo de cómo llevar sus casos. Su capacidad analítica y su conocimiento de los juzgados, adquirido desde muy joven, fueron una combinación letal para los adversarios. El Maestro Pallares fue su mentor en el aprendizaje y la apreciación de la música clásica, en la que se metió a fondo, comprando una enorme colección de LPs y un toca discos y escuchándolos una y otra vez hasta entender los matices de cada composición. Y la estación de música clásica XELA era la única que ponía en el coche. Los domingos prendía incienso en la sala y oíamos toda la mañana cantos gregorianos.

En el apogeo de su bufete jurídico, prácticamente atendiendo a un solo cliente, Don Jacinto Aillaud, decidió cerrar su despacho definitivamente, retirarse a los 50 años de edad y empezar a viajar con Mamita. Estaban ya listos para salir cuando el Presidente de la Republica le pidió que se ocupara de la Dirección General del Trabajo en el gobierno de la República. Michel se vio muy renuente porque interfería con sus planes, pero no pudo negarse con su amigo, Don Julio Santoscoy, también amigo del Presidente, y quedó encadenado en la burocracia de México seis años más.

LA EXLOSION DE LIBERTAD QUE SE PRESENTO AL FINAL DE SU MANDATO fue totalmente radical. Michel y Mamita se fueron a viajar, a aprender y a vivir por temporadas secuenciales de uno a cuatro meses en el Pacifico durante un año. Escribieron un libro” Hay un gran Desorden Bajo el Cielo pero la Situación es Excelente” aludiendo a una cita de Mao Tse Tung (como se escribía su nombre en esa época) y exploraron desde la Universidad de Hawaii, hasta los Dim Sum de Hong King, pasando por las costas de Australia, las selvas de Indonesia, el hedor y horror de Manila, la serena tranquilidad del Japón y la Guerra en Vietnam en su apogeo (esto era en 1971) en donde Mamita le puso un “Hasta aquí” porque no podía dormir por el metralleo constante, los morteros silbando y las granadas explotando cerca de su hotel en Saigón. Se regresaron a Hawaii.

Ese fue el momento en el que el “Lic. Miguel Angel Corzo Blanco” dejó de ser la imagen férrea y adusta que todos conocíamos y, a veces, temíamos, y empezó a transformarse en pasos ponderados pero tiernos en “Michel.”

Pero el afán de aprender no lo dejaba. Decidió que iba a aprender Griego Moderno y lo hizo, de forma tal que cuando viajamos por Grecia, en las tabernas, con muchas algarabías, Michel hablaba con todos los griegos y griegas en su idioma y estos se retorcían de alegría y regocijo.

Michel y Mamita volvieron varias veces a Grecia durante los próximos años, impulsados en parte por el deseo de Michel de practicar su griego pero sobre todo porque Michel quería aprender a bailar el Sirtaki, lo que hizo con Mamita, siendo asiduos participantes después en una peña griega de Wilshire, adonde acudían los viernes por la noche.

Por la evolución de mi vida, Michel y Mamita vivieron después unos años en México, pero más de visita que de residencia. Un año se fueron a Niza para mantener un hogar para Lilou y Alejandro que estaban en Secundaria y fue ahí donde Michel decidió que no bastaba con aprender francés sino que había que aprender a escribir poemas en francés. Aquí los primeros versos de uno:

Mer, dis moi, toi qui viens de l’Asie, pilori

De la Troie, malgrè lui, pour dommage de l’Histoire!

Dis dHelène son malheur, et son grand désespoir

De l”Illion qui perdit sa culture si polie

….

….

En hommage…à la Mediterranée,

La mer qui a saisi mon cœur

El poema termina con un colofón, muy de Michel: “Una sonaja que no llegó a soneto”.

YA INSTALADOS EN WESTWOOD, MICHEL SEGUÍA CON SU AFÁN DE APRENDER y la proximidad de la Biblioteca de Investigación de UCLA fue la razón para seleccionar esta parte de Los Ángeles. Con la enorme, amorosa y gran ayuda de Alex, se echó de clavado a aprender a escribir en computadora, y a guardar archivos en “floppy disks.”

También quería aprender sobre el mercado de valores y prevaleció sobre Xavier para que lo ayudara en este menester, dándole confianza absoluta de sus finanzas, que Xavier manejó después también para Mamita, hasta que nos dejó.

De Lilou, cuando estaba estudiando economía y, después, derecho, quería aprender todo lo que fuera posible sobre la economía y el derecho anglo-sajón,

Aunque toda su vida cuidó su salud, ya en sus últimos años esto le preocupaba más y estaba decidido a aprender todo sobre su estado físico, por lo que el Manual Médico de Merck, así como el de Cirugía, los leyó numerosas veces, subrayando todo y haciendo comentarios al margen.

Poco a poco, decidió que iba a ser aun más libre y a aprender a vivir solo en Paris, adonde llegó para estar, desafortunadamente, unos cuantos días, antes de que su angustia lo invadiera y Lilou lo rescatara, llegando ex profeso desde Berlín, para darle una última vuelta a la ciudad antes de ponerlo en el avión de regreso a Los Ángeles

Una triste madrugada de Enero, en un Tijuana lleno de polvo y de lluvia “chingaquedito”, como le dicen en Xalapa al agua que cae en pequeñas gotas, el cuerpo de Michel, agotado de tanto ir y venir, dejó este mundo. Esa tarde, según sus deseos, esparcimos sus cenizas en el Pacífico, guardando unas cuantas para esparcirlas en Chipre, en la caleta de Afrodita que era su diosa favorita, después de Mamita. Y recordamos sus eternas lecciones de aprendizaje.

HIJO DE LA REVOLUCIÓN, MICHEL FUE, SOBRE TODO, UN HOMBRE SOÑADOR, visionario, ambicioso, justo, moral, cuya ética era de observancia universal. Triunfó sobre la pobreza y la mediocridad. Alcanzó la excelencia. Entregado a Mamita, dadivoso con su familia, hijo ejemplar, padre dedicado y apasionado, protector amoroso de Lili, enamorado de sus nietos, generoso con sus amigos. Su vida, como su temple, fueron siempre totalmente rectos y verticales. Parecía más alto de lo que era porque su postura era perfecta. No tenia tiempo para nimiedades, ni para chistes de cualquier color, pero tenia un sentido del humor impecable, jugando con las palabras en múltiples idiomas. Podía ser feroz con sus bromas intelectuales. “Estar con él es como encontrarse adentro de una explosión de fuegos artificiales intelectuales”, decían algunos de mis amigos. Mamita fue el amor de su vida y cada día la amaba más, escribiéndole versos o leyendo a los grandes poetas españoles juntos.

Su intelecto asombroso, su disciplina espartana, su memoria azorante, su poder de voluntad, su furiosa determinación de triunfar en su vida de abogado, su orden obsesivo, escondieron durante muchos años al hombre tierno, amoroso, y sensitivo que nos fue dejando descubrir en sus dos últimas décadas. Su deseo de aprender a gozar de los sabores en la comida lo llevaban e extrañas combinaciones que eran el asombro y las carcajadas de la familia: papaya con salsa de soya, queso de granja con kétchup, gruyere con compota de chabacano y miles mas. Pero su sentido de los ingredientes de un platillo era azorante, detectando todos los sabores que había aprendido a distinguir.

Tal vez sea el gran gaucho y poeta, Atahualpa Yupanqui, desde las pampas de Argentina, quien se acerque más a cómo entender al Mich, hoy 7 de Enero de 2014:


De tanto dir y venir 
Abrí mi huella en el campo. 
Para el que después anduvo 
Ya fue camino liviano. 

En infinitos andares 
Fui la gramilla pisando. 
Raspé mí poncho en los talas. 
Me hirieron pinchos de cardo. 

Las huellas no se hacen solas 
Ni con sólo el ir pisando. 
Hay que rondar madrugadas 
Maduras en sueño y llanto. 

Viento de injustas arenas 
Fueron mi huella tapando. 
Lo que antes fue clara senda 
Se enyenó de espina y barro. 

Parece que no hubo nada 
Si se mira sin mirarlo. 
Todo es malezal confuso, 
Pero mi huella está abajo. 

Desparejo es el camino. 
Hoy ando senderos ásperos. 
Piso la espina que hiere, 
Pero mi huella está abajo, 

Tal vez un día la limpien 
Los que sueñan caminando. 
Yo les daré, desde lejos 
Mi corazón de regalo.

Mich, ya no tenemos a quien ponerle el cuchillo sobre el vaso…

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