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Reflexiones 23

Mi Prima Nora

MI PRIMA NORA

16 de Febrero del 2015

A los finales de los años 70s, mis papás salieron de México para dedicarse a viajar por Europa y yo emprendí un proyecto de construcción de unos condominios horizontales en la calle de Jantetelco, en la Colonia Reforma, de Cuernavaca, Morelos.

Mis tíos Leo y Mary se interesaron mucho en uno de los condominios; ya querían retirarse de la ciudad de México y vivir mas tranquilos. Como nosotros teníamos también un condominio en ese terreno, nos sentimos muy felices de que los papás de Lili, mis tíos y nosotros viviéramos en una comunidad. Un poco antes de mudarse, mi tía Mary me pregunto si podía yo agregarle al andador empedrado rustico del condominio, usado por los coches, un corredor sencillo de cemento liso para facilitar el uso de ese pasillo para Nora cuando quería acercarse a otras casas o a la zona de la alberca. Rápidamente modificamos el andador y construimos ese pasillo, así que cuando mis tíos y Nora llegaron ya estaba todo listo.

Esa fue la primera vez que me di cuenta de que Nora no tenia todas las posibilidades de desplazarse con la misma facilidad que los demás. Tan poderosa era la presencia de Nora que nunca la había yo visto o imaginado como una persona con limitaciones. Para mi ella no tenia ninguna.

Pasamos un poco mas de cuatro años yendo religiosamente los fines de semana a Cuernavaca, llegando el viernes en la tarde y yéndonos el lunes en la madrugada. Recuerdo esos fines de semana con mucha nostalgia y con mucho cariño, porque la relación que desarrollamos con Nora fue muy especial para todos nosotros. Lili, desde luego. Lilou era una quinceañera, Alejandro un adolescente, Xavier un niño, pero los tres tenían un mundo especial con Nora, con sus historias, sus aventuras, sus secretos, sus quejas, sus ambiciones, sus decepciones. Aunque no era yo participe de ello, sí me daba cuenta que Nora siempre tenia una relación única y reciproca con cada uno de mis hijos.

Y la relación que, como familia, teníamos con ella era también muy especial. Lili, por ser francesa, mis hijos por hablar francés y estudiar en el Liceo; y yo, teniendo el privilegio de haber ido al Liceo igualmente, todos teníamos fluidez en el idioma, lo que era para Nora un gran aliento para practicar, charlar, explorar y descubrir mucho de esa lengua que teníamos en común.

Pero nuestros contactos no estaban limitados al francés. La fuente de conocimientos en muchísimos campos que Nora tenia era inagotable; de filosofía a filología, de algebra a alquimia, de poligamia a poesía, nada le era ajeno Cualquier tema que tratábamos, ella o lo conocía, o sabia de el, o tenia algún comentario o, la mayor parte del tiempo, tenia muchísimas preguntas al respecto porque su afán de aprender era inagotable.

A pesar de la serio que parece lo anterior , tal vez la característica que todos recordamos, aun ahora, después e todos estos años de no vivir en México, es su maravilloso sentido del humor. Nora encontraba siempre algo gracioso en la ocurrencias diarias de la vida. También era una fuente de anécdotas, chismes y chistes que no tenían fin. Muchos de ellos han pasado a ser parte del folklor familiar de Lili, mis hijos y yo, porque siempre que nos recordamos algún cuento muy divertido, empezamos por decir: “Te acuerdas que Nora nos contaba…” Muchos de estos cuentos se han vuelto código, como cuando queremos que alguien aleje su presencia, solamente decimos “Como decía Norita “Shu Shu..y se van solitas” Todos nos reímos a carcajadas porque conocemos exactamente el cuento que Nora en alguna ocasión, en la sobremesa de la carne asada de los domingos, nos contó.

Nora celebraba los triunfos de nuestra familia como si fueran de ella. Si le contábamos algo quería conocer todos los detalles. Y juntos, recordábamos a las tíos y abuelos que ya no teníamos, a veces con melancolía, a veces con chascarrillos burlones, pero siempre con afecto y cariño.

Sin duda alguna de todos los primos, excluidas sus hermanas, me parece que me tocó la suerte de ser el que más convivio con ella antes de salir de México. El recuerdo que todos los miembros de mi familia tenemos de ella es uno de respeto total por su disciplina; de admiración sin igual por su inteligencia , perspicacia e intuición; de celebración absoluta de una vida que vivió con una determinación de triunfar, de gozar, de alcanzar cimas que parecían imposibles, dándonos siempre un ejemplo de un corazón entregado a los lazos mas profundos de su espiritualidad.

Siempre vives en nuestros corazones, Nora.

Miguel Ángel Corzo

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