26 de Enero 2015
COLECCIONISTAS
EL PRIMER RECUERDO QUE TENGO DE UN COLECCIONISTA ES LA visita que hice con Michel a la casa de su compañero y amigo entrañable, Manuel Alcalá, en las calles de Kepler en la Colonia Polanco en México. Manuel no era solamente un erudito sino un charlista delicioso que podía hablar con facilidad en cualquiera de varios idiomas incluyendo latín, griego, catalán, inglés, francés, castellano, portugués, provenzal, italiano y finlandés. Éste ultimo, un pasatiempo que adquirió durante las largas noches de invierno cuando fue Embajador de México en Helsinki. Recuerdo que al llegar a su casa me quedé azorado porque cada una de las paredes estaba cubierta de estantes de libros, inclusive todas las paredes del cubo de la escalera! Pero lo que más me sorprendió es que sabía exactamente en dónde estaba cada libro y cuando hacía referencia a algo, sacaba el libro de un anaquel, lo abría a la página exacta y nos leía la cita a la que había hecho alusión. Esto me dejó muy impresionado. Me parece que Manuel legó sus libros a la Biblioteca Nacional de México, de la cual fue director después de haber sido Embajador en la UNESCO
MI SEGUNDA VISITA A UN BIBLIÓFILO O BIBLIÓMANO, NO SÉ cual sea el término mas delicado para referirse a este tipo de individuos - ya que uno es el que ama los libros y el otro es el que está adicto a ellos - fue con Harold Williams en Saõ Paulo, allá por 1995, cuando visitamos a José Mindlin, un coleccionista brasileño que, al igual que Manuel, tenía las paredes cubiertas por estantes con libros y cuando ya no le dio espacio para poner más libros, compró las dos casas adjuntas de uno y otro lado de la suya para poder ponerlos. Pero, al igual que Manuel, José nos charlaba de la historia de cada libro, en dónde lo había visto, cuanto tiempo y cómo ahorraba para poder comprarlo y se refería a las citas de sus anécdotas, sacando el libro de uno de los estantes, abriendo el libro en la página exacta y mostrándonos la cita. Íbamos como chícharos en bandeja, de un lado al otro, de una casa a otra, de una estancia a otra, en búsqueda del libro exacto. José legó su Brasiliana - como dicen los eruditos refiriéndose a los libros sobre Brasil - unos 15000 - a la Universidad de Saõ Paolo y sus otros miles de libros raros, que no tocaban el tema de Brasil, fueron adquiridos por la Getty y otras instituciones.
OTRA COLECCIÓN - ÉSTA NO DE LIBROS - QUE ME TOCO VER FUE LA del Barón Thyssen Bornemisza, al que conocí gracias a su hija de su tercer matrimonio, la Baronesa Francesca, una joven inglesa que vino a visitarme a la Getty porque quería que la ayudáramos en un proyecto de conservación que tenia en Praga. Por cierto que en esa época salió una foto de ella entrando a una gran gala en Paris, con un vestido muy elegante, cuando, de pronto, vino una ráfaga de viento que le levantó la falda justo cuando el paparazzo tomó una foto de su trasero, sin ropa interior, desnudo en todo su esplendor!
Me invitó a la casa de su padre, la Villa Favorita, en Lugano a donde conocí al Barón, que para entonces ya se había casado con Miss España de 1961 en quintas nupcias y quien actuó como intermediaria para que el Barón le vendiera gran parte de su colección al Estado Español con la condición de que se creara la famosa Galería Thyssen Bornemisza que está en Madrid. Durante mi visita a la Villa Favorita, que puede apreciarse aquí, en tanto que era la casa de su papá, Francesca me llevó a todas partes, hasta los baños privados y me maravillé al ver la cantidad y calidad de arte que había ahí. El padre del Barón había empezado a colectar obras al principio del siglo 20. Todos hemos visto las escaleras eléctricas y los elevadores Thyssen. Aunque eran alemanes, el Barón que conocí nació en Holanda, era ciudadano suizo, su residencia fiscal estaba en Mónaco, era residente en Inglaterra, pero vivía en España y lo enterraron en Alemania, de donde era su padre. El título vino porque el Emperador Francisco José se lo otorgó al padre del Barón que yo conocí, cuando éste se casó con una dama Thyssen Bornemisza, de origen húngaro, cuando todavía existía el imperio austro-húngaro.
Ya podrán imaginarse el lio de los derechos de sucesión de cinco matrimonios y no sé cuantos hijos, uno de los cuales es también Barón Thyssen, que se convirtió al Islam.
En fin, lo que mejor recuerdo es que en la recámara del Barón, había una ventana enfrente de su cama, desde la que se veía el lago y al lado de la cual había un Van Gogh pequeño, extraordinario, con una vista semejante a la que tenia desde su cama; en su cabecera un Renoir y al lado un Matisse. Eso sólo en su recamara! En el baño había un Picasso…
Tiempo después Francesca me invitó a su boda con Karl Habsburg Lothringen, el heredero del trono austro - húngaro. Era una boda que duraba cinco días y que tenia al menos tres actividades diarias alrededor de Viena y Salzburgo. No fui porque tan solo el costo del vestuario para todos los eventos de la boda, desde ir a cazar ciervos hasta el baile de gala en el Palacio de Schönbrunn, la noche anterior a las nupcias, hubiera sostenido a Bangladesh durante varios meses. Además de que habría necesitado llevar a mi valet personal, que estaba de vacaciones en esas fechas de la boda !
Un par de años después, por 1995, Francesca vino a visitarme con su hijito y, cuando se dirigió a la nana, le dijo con toda naturalidad, “Please give the little Prince his bottle in a few minutes”. Por el momento se me hizo muy naco, pero después me di cuenta que, de hecho, el bebé era el Príncipe Heredero, hijo del Príncipe Heredero!
EL SR. GETTY ERA UN COLECCIONISTA empedernido que se dedicó a muchas áreas diferentes, desde las antigüedades greco romanas, de las que compró muchas copias, como si fueran originales, pasando por las artes decorativas de los siglos 17 a 19 y pinturas y esculturas clásicas de esas épocas. No deja uno de sorprenderse de la magnitud de la colecciones, pero tal vez, porque el Museo que la alberga es demasiado ostentoso y grande, no se siente la intimidad, ni el afecto especial que el Sr. Getty tuvo por sus objetos, en gran parte porque nunca vivió con ellos; sólo los compraba y los enviaba a Malibú para que los almacenaran, así que nunca los vio juntos ni los pudo gozar.
TODO ESTO COMO INTRODUCCION (UN POCO LARGA!) DE UNAS colecciones que hemos visto en Nueva York y que tenia mucha curiosidad de conocer. En la época de gran crecimiento industrial de Estados Unidos, a mitades del siglo 19 y principio del siglo 20, todos los intereses de los empresarios poderosos estaban centrados en hacer dinero, desde luego, pero también en adquirir un cierto prestigio que les diera legitimidad de ser hombres cultos. No dudo que algunos habían tenido una educación clásica, pero sobre todo se habían dedicado a hacer grandes fortunas y no habían tenido el tiempo para dedicarse a fomentar, alrededor de ellos, un circulo social enfocado en crear una percepción de refinamiento. Esta es la razón por la que tantas universidades de aquellas épocas, y tantos edificios públicos, como los monumentos de Washington y las grandes construcciones de esa capital, como lo muestra esta vista de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, están basados en modelos arquitectónicos ya sea clásicos greco-romanos y las universidades tienen modelos góticos con grandes estructuras de campanarios con espiras y gárgolas semejantes a las del siglo 12. Inclusive los dos primeros edificios de UCLA, que fueron construidos al principio de los 30s, siguen un modelo romano.
COMO NO LES FALTABA DINERO PARA PODER ADQUIRIR ARTE existente, los magnates de la época, compraron no solamente claustros de conventos enteros, como los que se pueden ver en The Cloisters del Museo Metropolitano o en el mismo Museo Metropolitano, sino hasta techos artesonados que extraían directamente de las casa, palacios, castillos e iglesias de Europa para instalarlos en sus residencias. Fue la época además en la que estos grandes barones de la industria también empezaron a comprar obras de arte greco romanas y, después, clásicas para adornar sus residencias. Y, desde luego, hubo uno que otro barón industrial que compró un titulo de nobleza para su hija, casándola con algún marques, príncipe o duque de Italia, Francia, España o, de Inglaterra, como fue el caso de Downton Abbey, cuando Cora se casó con Robert, Conde de Grantham, aportando su fortuna para el bienestar de la Casa de Grantham!
FUE ASI COMO LLEGAMOS A THE MORGAN LIBRARY QUE fue la creación de J. Pierpoint Morgan, el padre de John P. Morgan, mejor conocido por la casa de bolsa J.P Morgan. Cuando Pierpoint Morgan falleció en 1913 después de ser el industrial más poderoso de su época dejó como herencia esta magnífica biblioteca. Consolidando a varias empresas, Pierpoint Morgan formó General Electric, US Steel, prestó dinero al Sr. Ochs para que creara The New York Times, le prestó 3.5 millones de onzas de oro al Tesoro de Estados Unidos para evitar una crisis, y cuando la economía desfalleció reunió a los mas grandes banqueros de Estados Unidos y los organizó para que asignaran los recursos adecuados a las diferentes empresas, evitando así el Pánico de 1907 y, por ese medio, creando el Banco Federal de Reservas de Estados Unidos. Su fortuna , al morir era el equivalente de unos 30 mil millones de dólares de hoy, pero su poderío e influencia en la vida económica nacional e internacional no se compara con el poderío de los 10 multibillonarios mas importantes del mundo ahora.
Su verdadera pasión eran los libros y el arte y, a diferencia del Sr. Getty, que enviaba sus libros a Malibú, Morgan se construyo una biblioteca que en sus últimos años fue también su oficina. Aunque construida a finales del siglo 19, la arquitectura externa de la biblioteca original es totalmente greco-romana y las ventanas de vidrio plomado, los pisos de mármoles florentinos, los artesonados italianos y las obras de arte son todas importadas y únicas. Por ejemplo, en su caja fuerte de su oficina, que es como la de un banco, porque la puerta tiene dos metros de alto, metro y medio de ancho y 60 centímetros de espesor tiene, además de los libros mas valiosos, un doble retrato pintado por Cranach, de Martin Lutero y su esposa Katerina. Una belleza extraordinaria que se puede ver a solo unos cuantos centímetros. Cuadros de Tiepolo, de Bernini y estatuas maravillosas son solo los bibelots que sirven para acentuar la enorme colección de libros y manuscritos espectaculares. Es difícil decidir por donde empezar, porque cada una de las vitrinas tiene una serie de manuscritos o libros que son mas interesantes unos que otros: carta de Thomas Jefferson a Washington, de John Adams a Madison.
Hay una carta donada a la biblioteca muchos decenios después de la muerte del Sr. Morgan, de J. D Salinger (si, el de Catcher in the Rye, a su amigo Holden, a quien le ofrece que le dará su nombre al personaje de su próxima novela (Holden Caulfield anyone?)
Me pasé un buen momento viendo las primeras ediciones de las obras de Racine y de Molière, así como las de Zola. Anillos babilónicos y tabletas con escrituras cuneiforme. Inclusive en una exposición ancilar vimos la Proclama de Emancipación firmada por Lincoln, lo que nos hizo reflexionar que más de 150 años después, todavía no se logra una igualdad racial en los Estados Unidos, empujada por los mismos “Republicanos” que apoyaron a Lincoln y que decidieron deshacerse del presidente Obama desde que llegó al poder. Por eso fue tan genial que en el discurso del Estado de la Unión el presidente Obama dijo, viendo al lado republicano del Congreso:” Ya no tengo ninguna elección que ganar…porque gane la que quería…dos veces”.
La enormidad de la colección es muy difícil de describir, aun de manera sucinta: Hay partituras escritas por Mozart, Beethoven, Brahms, Chopin, Mahler. Hay manuscritos iluminados con maravillosas biblias y Libros de Horas. Cartas, además de las mencionadas, de Thoreau y Lord Byron, primeras ediciones de Chaucer y de Shakespeare. Dibujos de Dürer, Mantegna, Rubens y Watteau.
Con toda la dificultad de un niño abandonando una pastelería, nos fuimos de este maravilloso monumento a la delicia de poder ser coleccionista, y saber serlo, no como nuestro amigo Slim, que tiene puras copias malas de malas obras en un mal museo (que desperdicio de recursos), para nuestra próxima parada en el mundo de los coleccionistas neoyorkinos.
CONOCI LA OBRA DE GUSTAV KLIMT EN UNA VISITA QUE HICE a Nueva York cuando estábamos preparando las publicaciones de la UAM, allá en el año de la canica, y compré un cartel de este artista, que se llama “El Beso” y que durante mucho tiempo tuvimos en la casa. Fue un embelesamiento instantáneo con este maravilloso pintor porque la riqueza y textura de sus colores y el uso abundante del oro contrastando con la viveza de las cromas, la sensualidad de sus temas, la belleza de sus modelos y la opulencia de su proyección me daban, aun mas que el Art Nouveau francés del final del 19 una sensación de lujuria y de maravillosa decadencia hedonística que en mis treintas nunca había percibido antes. En una visita a Viena al final de los 90s pude ir a la Neue Österreichische Gallerie en donde estaba en exhibición una gran cantidad de pinturas de Klimt, entre otras la de Adele Bloch Bauer, que menciono mas adelante.
Descubrí que, además de las maravillosas pinturas que me habían embelesado en un principio, Klimt tenia unas pinturas increíbles de bosques y de campos que muestran su arte muy personal y su manera excepcional de mostrar la vida natural de pastizales, bosques, campos de flores y forestas. Todo esto me llevó a tener mucha curiosidad para conocer la Neue Galerie que esta casi enfrente del Museo Metropolitano, a donde llegamos con el subway y caminamos un par de cuadras a la 5ª Avenida. Esta Neue Gallerie es la creación de Ronald Lauder, un billonario americano con una fortuna de unos $3.4B que ha sido una figura muy controvertida por sus posiciones políticas a favor de Israel. Es hijo de Estée Lauder (si, la de los productos de maquillaje femenino) y antiguo Embajador de Estados Unidos en Austria. Ha estado involucrado con la política exterior de Israel durante muchos años. Pero tiene la aventajada condición de ser un gran coleccionista y su amor por todo el periodo de arte en Austria de finales del siglo 19 y principio del siglo 20 lo llevó a crear esta Neue Galerie.
DEFINITIVAMENTE LA PIEZA MAESTRA DE LA GALERIA ES Adele Bloch Bauer I, un maravilloso retrato de la Sra. Bloch Bauer pintado a invitación de su esposo, por Klimt. Existen dos retratos, pero éste es mi favorito. Muestra a una mujer en sus últimos treinta años, aunque se ve mayor (hay que recordar que esas eran otras épocas). Todo el arte de Klimt esta volcado en ella. Las líneas sinuosas y sensuales, la mirada serena y ligeramente coqueta, la cabellera negra, la preponderancia de la hoja de oro, la viveza de los colores, los diseños de las telas, todo deja una impresión que es difícil de borrar de la mente aun varios días después de haber visto la obra en persona.
Los nazis, después de que destruyeron los murales de Klimt en la Universidad de Viena a su retirada de esa ciudad, se llevaron muchísimas obras de arte de todo Europa a escondites en diferentes partes de Alemania, incluyendo varias obras de Klimt que eran propiedad de la familia Bloch Altman. Después de muchos juicios en los que el Estado Austriaco se negaba a regresar a la familia Bloch Altman las cinco pinturas de su propiedad, robadas por un abogado Nazi, la Suprema Corte de Estados Unidos decidió a favor de María Altman, una de las herederas de esa familia, que pudo escapar a los nazis y acabo viviendo en California, volviéndose famosa porque introdujo los suéteres de cashmere. Fue ella la que recuperó las pinturas. Yo pude verlas en LACMA a la mitad de 2005, aunque brevemente.
Después Ronald Lauder compró Adele Bloch Bauer I por la espeluznante suma de $135M que, en aquella época era el precio mas alto pagado por una pintura. María Altman vendió todas las pinturas, incluyendo una Adele Bloch Bauer II por $88M, para total de $325M, que se repartieron los herederos. Me imagino que preferían los “greenbacks” a los “goldbacks”. Pero mejor para nosotros porque pudimos ver a Adele en todo su esplendor y, también, vimos la extraordinaria colección de Oskar Kokoscka y de Egon Schiele que nos dejaron apabullados por su fuerza, su vigor, su extraordinaria habilidad de transformar lo que pudiera ser casi una fotografía, como lo vimos en un par de obras, en un retrato psicológico de proporciones mayores y de un impacto apabullante.
Con todas estas experiencias no nos quedó mas que pasar por la tienda del museo en donde venden algunas joyas maravillosas, réplicas de la época del movimiento Secesionista fundado por Klimt y seguido por Schiele y enfrentarnos al frio que nos amenaza cada vez mas en esta maravillosa ciudad en la que puede uno vivir feliz pero es imposible de vivir sin sentir constantemente las tentaciones del diablo de la cultura.
Por lo pronto empiezan a anunciar una enorme nevada que, según los mentirológicos, nos amenaza con dos pies de nieve en la noche del lunes al martes. Saba empieza su conferencia el lunes, pero vinimos totalmente preparados para el frio. Nosotros también somos coleccionistas…de ropa interior caliente!
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