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Reflexiones 32

Reconocí a Dan Rather, Bernard Kalb y otros mas que vería yo en los próximos días.

October 6, 1981

MI SEGUNDO ENCUENTRO CON NIXON

19 de Junio 2015

ERA OTRA EPOCA EN EL MUNDO Y EN EL GOBIERNO DE MEXICO porque el Arq. Ramírez Vázquez y yo estábamos regresando de París el 6 de Octubre de 1981, a donde habíamos ido tres días a ver un asunto de la Unión Internacional de Arquitectos y el Concorde volaba de Paris a Nueva York en tres horas y de Nueva York a México en otras tres, lo que hacia que el viaje fuera muy cómodo y bueno.

Al bajar de la escalerilla del avión Margarita Velasco que era la Secretaria Particular del Arquitecto, entonces Ministro de Asentamientos Humanos y Obras Publicas, se acercó y nos dijo que el Presidente López Portillo, sabiendo que estábamos en Europa, nos había comisionado para que asistiéramos en su representación a los funerales del Presidente Sadat.

La llamada había llegado a Margarita cuando estábamos en el aeropuerto de Paris y no había logrado comunicarse con nosotros antes de que saliéramos. Así que ahí, en la escalinata del avión nos pidió los pasaportes porque el Embajador de Egipto estaba esperándolos para darnos las visas esa misma noche (eran las 7 pm) para que pudiéramos salir al día siguiente a Paris. Un mensajero fue encargado de llevar los pasaportes y regresarlos a Margarita.

Al día siguiente a las 9 am, las azafatas del Concorde eran las mismas que habían venido con nosotros la noche anterior así que se sorprendieron algo cuando nos vieron subirnos de nuevo al avión. Entre tanto yo había ido a la casa, en Peñas, para arreglar una nueva maleta, recoger mi traje y corbata negros, medio descansar y salir para estar listo a las 7 am en el aeropuerto a esperar al Arquitecto.

El viaje de regreso a París el 7 de Octubre fue más o menos de cabecear un poco para llegar y hablar por teléfono con Margarita que no había podido conseguir boletos de Paris a El Cairo. Como era media noche en París no había nada que hacer mas que descansar un poco e irnos al día siguiente directamente al aeropuerto Charles de Gaulle para tratar de encontrar boletos para El Cairo.

Salimos al aeropuerto a las 7 am del 8 de Octubre y empecé a ir a las diferentes compañías para tratar de encontrar unos boletos. No era la época del Internet o de los celulares y aunque los sistemas de reservación eran adecuados no había ni siquiera boletos electrónicos sino que había que imprimirlos todos. Después de algunos intentos encontré un vuelo de Paris a Frankfurt y de ahí al Cairo por Lufthansa, comprando los últimos dos boletos que quedaban para El Cairo. Muchísimas gentes estaban tratando de llegar alla, sobre todo la prensa escrita, hablada y de televisión

Abordamos el avión y en el cambio en Frankfurt de pronto me di cuenta del evento al que íbamos, porque reconocía muchísimas de las caras de las gentes que estaban subiéndose: corresponsales que había visto en la televisión en diferentes países por los que viajaba

Reconocí a Dan Rather, Bernard Kalb y otros mas que vería yo en los próximos días.

Llegamos al Cairo a eso de las 7 de la tarde, con calor y nublado, como es en esa época del año y, aunque Margarita nos había anunciado que el embajador de México nos recibiría en el aeropuerto, brillaba por su ausencia. En el tumulto de la llegada, con todas las gentes gritándose en todas las direcciones y con un ajetreo enorme entre equipajes, equipos electrónicos de televisión, camarógrafos y asistentes al funeral, por fin logre conseguir un taxi medio dilapidado (como todos los del Cairo) que nos llevo al Hotel Hilton, pero no al que conocíamos que era el Nile Hilton, sino al Karnak Hilton, una horrible estructura todo oscuro por dentro, literalmente arrastrándonos a nuestra habitaciones que Margarita había conseguido entretiempo y que había confirmado en Frankfurt.

Como a los 15 minutos me hablo el Embajador avisándome que estaba en el vestíbulo del hotel. Le avisé al Arquitecto, que estaba muy cansando y muy disgustado por todo este vaivén y muy renuente a bajar, pero por mucha insistencia mía, bajo a saludar al Embajador, que tenia mil excusas por no habernos encontrado en el aeropuerto (estaba esperando en el Salón Oficial a que alguien nos llevara allá, en lugar de ir él mismo al avión!) y que insistía mucho en llevarnos a cenar.

Con mucha elegancia le agradecí a nombre del Arquitecto y mio al Embajador su invitación y le dije que nos veríamos al día siguiente

El 9 de Octubre el restorán del Hilton era como una convención de periodistas y de “gente importante” pero logramos ir al buffet directamente y almorzar algo. El Embajador llego después y nos llevo a dar una vuelta al bazar (visita obligada de cualquier visitante al Cairo, para ver chácharas) y en lo noche nos invitó a una cena , por cierto riquísima y exquisitamente preparada por un sirviente Hindú que el Embajador había tenido en Delhi y se lo había traído al Cairo.

Pobres embajadores de México, sobre todo los que no están en Estados Unidos. Nadie los pela porque México no tiene ninguna fuerza ni influencia internacional salvo sobre Estados Unidos, así que, por mi experiencia con ellos en muchísimos lugares, se la pasan recibiendo a funcionarios públicos mexicanos que están viajando para divertirse solos, o acompañar a sus esposas a tiendas. Los embajadores van yendo de embajada a embajada para los cocteles y recepciones. No pasa nada en su vida, así que para nuestro embajador este era el evento de su vida.

Anwar Sadat había sido un nuevo líder en Egipto desde la muerte de Gamal Abd el Nasser que se había vuelto miembro de los países no alineados pero aceptado la ayuda de la Unión Soviética para el desarrollo económico de Egipto. Sadat se había vuelto un favorito del Occidente, porque había llevado la guerra contra Israel en los anos 70s, incluyendo la Operación Badr cuando los egipcios retomaron la península del Sinaí de los Israelitas al principio de la Guerra del Yom Kippur. Después había negociado con Menachem Beguin la paz entre Egipto e Israel, en Camp David con Jimmy Carter, por lo que ambos habían ganado el Premio Nobel de la Paz. El tratado de paz entre Egipto e Israel había sido mal recibido en muchos países árabes, a tal grado que acabaron excluyendo a Egipto de la Liga Árabe y el descontento era tal que un fatwa (o sentencia de muerte dictada por un clérigo musulmán) había sido emitida por Omar Abder Raman. Este clérigo luego se volvió infame y fue aprehendido, juzgado y sentenciado por el papel que tuvo en el primer ataque al World Trade Center en el que habían puesto en 1993 unas bombas en una camioneta y la habían estacionado en el garaje de uno de los edificios y hecho estallar,

El fatwa contra Sadat ocurrió justamente cuando estaba celebrando el desfile anual en honor de la Operación Badr. Cuando unos aviones Mirage volaban encima del desfile, el teniente Khalid Islambouli amenazó con su pistola al chofer del vehículo porta-cañones, en el desfile frente a la tribuna en donde estaba Sadat y se bajó del vehículo con tres granadas escondidas en su casco. Lanzó las tres granadas de las cuales solo una estalló, pero al mismo tiempo otros tres soldados se habían bajado del camión y acribillaron la tribuna con AK-47s, matando a Sadat y a once otros individuos, entre ellos al Embajador de Cuba. Hubo 27 heridos incluyendo a Hosni Mubarak, el vicepresidente que luego seria presidente hasta hace tres años. Sadat se había levantado para saludar a los soldados, pero los ataques de los AK 47 fueron mortales.

Era ya el 10 de Octubre cuando el Embajador pasó por nosotros al hotel y nos fuimos hasta el campo militar en donde serian las ceremonia de los funerales. El mismo campo militar en donde Sadat había sido asesinado.

Cuando llegamos me di cuenta de que enfrente de nosotros había un Rolls Royce crema en el que estaba el Príncipe Carlos. Un pelotón militar detuvo al carro mientras revisaban los documentos y usaban unos espejos debajo del carro y abrían la cajuela. Muchas precauciones seguramente porque los egipcios no querían que siguieran mas tragedias.

Después nos toco a nosotros el mismo numerito, que pasamos bien y de ahí nos dirigimos en el coche hasta un tapete en el que nos bajamos y caminamos hacia una tienda enorme que tenia aire acondicionado y en donde había varias decenas de individuos, todos los invitados oficiales de alto rango, con sus séquitos de seguridad y de protocolo.

Cuando entré al recinto y empecé a ver alrededor de mi, no podía creer lo que estaba frente a mis ojos. Era como si todos los lideres del mundo se hubieran reunido en una sola tienda. François Mitterand, presidente de Francia y Valery Giscard d’Estaing; el Rey Balduino de Bélgica; el Primer Ministro de España Leopoldo Calvo Sotelo; el Canciller Helmut Schmidt; SImone Veil Presidente del Parlamento Europeo con la que charlé un instante. Y de Estados Unidos Jimmy Carter, Gerald Ford, el Secretario de Estado Alexander Haig, el Secretario de la Defensa Caspar Weinberger, Henry Kissinger y desde luego el Presidente Richard Nixon. Había muchas otras personas que eran desde luego, importantísimas, pero que no las reconocía. Por seguro igual que ellos a mi.

Empecé a dar vueltas en ese mundo, sin saber muy bien a quien acercarme y saludar cuando de pronto veo que , muy decidido, el Presidente Nixon se acerca a mi, viéndome, estrecha su mano y me dice

- Hello. I am Richard Nixon

- Yes, of course Mr., President

Inmediatamente noté que traía un chaleco blindado debajo de su camisa, pero se veía muy tranquilo, serio y amable y con los ojos enfocados solamente en mí.

- Who are you and where are you from?

-I am Miguel Angel Corzo, from Mexico

-I know several people from Mexico. It’s a fine country

-Thank you Mr. President

- My wife Pat and I spent some time in Mexico. I know Nabor Carrillo. He was the Rector of the National University UNAM. Do you know him?

-As a matter of fact, I do. He gave me my first job

- Wonderful man. He did a terrific job at the University. He was also a scientist. I also know his brother, Antonio. He was Minister of the Economy

- Yes Mr. President. He was also my boss a few years back (cuando le renuncié en el ITAM para irnos a Alemania)

- And their father was a fine musician.
- Yes indeed, Mr. President

- How is the economy doing? You have a lot of oil now.

- It’s doing well, I think.

- President Lopez Portillo says you have to learn to be rich

- Yes. Mr. President.

- But you see. Being rich is not enough. You have to learn to manage wealth. And to exercise it well. If you spend too much, you get into trouble. Are you already in trouble?

- Not yet Mr. President and I hope we never will.

- Fine country Mexico. Lots of history. Difficult war of independence and then the revolution. You know we have a long history with Mexico: wars, invasions but also friendship and great economic partners and a lot of good people living in the United States and working hard. Do you know the Garza Sada family?

- Yes. Mr. President. Fine people from Monterrey

- You see. These people know how to manage wealth. That’s why they have done so well. It was good talking with you

- And with you Mr. President

Me estrechó la mano, se dió un cuarto de vuelta, se enfocó sobre un africano y se alejó de mi, acercándose a él, diciéndole

- Hello. I am Richard Nixon.

Y así fue mi segundo encuentro con Nixon.

En unos tres minutos ya me conoció, había hablado sobre México, me había dado su opinión. Estaba completamente enterado de lo que pasaba en el país y se dirigía a saludar a otro desconocido. Siete años antes yo había interpretado su discurso de renuncia y ahora el Presidente estaba nuevamente en la cima del mundo, grande entre los grandes. Me dejó impactado para siempre.

Después de un par de horas, nos avisaron que teníamos que colocarnos en comitiva, con muchos funcionarios de protocolo llevando y trayendo a la gente en diferentes lugares. A mi, afortunadamente me tocó en la mitad de la comitiva, que era como de unas doscientas personas y empezamos a caminar por la misma calzada por donde había sido el desfile fatídico, en un frente de unas 20 personas y unas 10 hileras. Entre guardaespaldas de algunos de los invitados y el desorden de una comitiva no muy estructurada, había mucho revoloteo. De pronto oí un ruido detrás de mi y al voltearme vi a unos 40 soldados cortar cartucho, ponerse detrás de nosotros y empezar a caminar, mientras otro escuadrón cortaba cartucho y se volteo hacia la segunda parte de la gran comitiva. Pensé: “Aquí ya se acabo todo” pero en realidad era una medida para impedir que los “colados” de atrás se mezclaran con los “importantes” de enfrente.

Después de unos cien metros en el polvo y en el sol llegamos a la tribuna en donde había sido el asesinato y no había claramente escalerillas para subir desde donde estábamos. Vi cómo, en una pequeña apertura en el muro se juntaron unos ocho guardias personales de Alexander Haig y uno de ellos se puso detrás del Secretario de Estado de EEUU y literalmente le puso las manos en el trasero y lo proyectó hacia arriba de la tribuna por donde ya subió.

Los demás nos las arreglábamos para subirnos y para sentarnos y esperar el momento de saludar a la Sra., Sadat para darle el pésame.

Estando sentado alrededor de mi podía ver todavía los balazos contra el concreto de las tribunas y las manchas negras de sangre seca. De pronto un hombre joven, con anteojos obscuros y muy tranquilo se acercó a mi y me dijo: “Do you mind moving to another seat. Prime Minister Beguin needs to sit down and this would be agood place for him.”

Ni corto ni perezoso me moví. Estar al aire libre al lado de Beguin no era mi ubicación favorita en ese momento. De pronto lo vi caminar hacia adonde estaba, movió la cabeza, me dijo “Thank You” y se fue a sentar, rodeado de toda su seguridad, mas la de los egipcios.

Resulta que como era sábado, Beguin no podía viajar en un vehículo (por ser el Sabbat) así que se había aventado la caminata desde una casa que le habían conseguido cerca del campo militar en donde había pasado la noche hasta la tribuna y, como era de entenderse, con el sol y el calor estaba fatigado. Pero estaba presente por su amigo.

Después de unas tres horas de esperar, le presentamos el pésame a la Sra. Sadat y después de otra hora de no hacer nada mas que ver a mas gente, nos fuimos al hotel en donde le dimos las gracias al Embajador que todavía quería invitarnos a otra cena, pero con la excusa de que teníamos que levantarnos muy temprano, nos despedimos.

Al día siguiente, 11 de Octubre, muy amable, el embajador pasó por nosotros. Tomamos un vuelo de Air France a París en donde dormimos esa noche y al día siguiente, Día de la raza, nos fuimos otra vez en el Concorde directo a México.

Las azafatas no eran las mismas.

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