AVENTURAS EN YUCATÁN
14 de Febrero 2017
LO CREO Y NO LO CREO, LO VEO Y NO LO VEO dirían los yucatecos, exactamente como lo dije yo cuando llegué al aeropuerto de Mérida, cinco minutos antes de que aterrizara el vuelo de Alex y de pronto ante mis ojos se aparece una cara conocida, pero fuera de contexto. ¡Qué bárbaro! ¡Es Xavier! Sigilosamente me estaba esperando ya que su vuelo había llegado unos minutos antes… Grandes abrazos, grandes risas, gran sorpresa y súper enorme satisfacción de que mis dos hijos iban a estar conmigo unos días para el pre-festejo de mi cumpleaños. La llegada de Alex era esperada, tal y como la habíamos planeado en Los Ángeles, pero no así la llegada de Xavier, Ambos esperamos a que saliera Alex y ya juntos los tres nos reímos mucho y celebramos más la gran iniciativa de los hermanos.
CON LAS LUCES PRINCIPALES DE LA HACIENDA APAGADAS y con solo unas linternas con veladoras de IKEA habían preparado Teo y Eloy la hacienda y nos recibieron con unas toallitas húmedas y frías que fueron un gran descanso del largo viaje de ambos. Por llamada telefónica mía el tercer cuarto estaba totalmente listo. Una vez que se instalaron celebramos y brindamos y cenamos y conversamos hasta bien entrada la noche.
SISAL ES EL NOMBRE EN INGLES DEL HENEQUÉN porque todos los productos de esa fibra (telas, cintas, bolsas, correas, reatas, cuerdas, cordeles cabos y similares) eran embarcados en el puerto de Sisal para todos los destinos del mundo. En el siglo 19 la mitad del mundo comerciaba y navegaba con productos provenientes de Sisal. Cuando todo esto se acabó con el invento del nailon (nylon) quedó Sisal en el abandono absoluto. Solamente hace algunos años empezó a tomar una presencia cuando más y más yucatecos buscaban salir del calor de Mérida en el verano y se iban a la costa. Sisal queda justo a la mitad de la línea costera entre Celestún y Progreso, aunque hay camino físico entre Celestún y Sisal, no de este pueblo a Progreso. Los sistemas maravillosos de navegación que Alex y Xavier manejan en sus teléfonos celulares, nos llevaron perfectamente hasta la costa del Canal de Yucatán, entre el Golfo y el Caribe. Sisal Pueblo es muy sencillo, con algunas casas y algunos negocios y unas pensiones para quedarse. Varios restaurantes en la playa, pero principalmente el Puerto de Sisal, que es de Doña Eligdia, la dueña de Los Tulipanes en Celestún. El menú lleno de ceviches, cocteles de mariscos, camarones y pescados preparados de distintas formas. La hueva de lisa que comimos estaba fresquísima y deliciosa; el carpaccio de caracol exquisito y no se diga de las manos de cangrejo recién sacado del Golfo y extraordinario. Este cangrejo, que es del Golfo de México, se llama en Florida Stone Crab porque su corteza es muy dura, como una piedra. El cangrejo tiene la peculiaridad de crecer la mano que le falta. Los pescadores lo sacan del mar, le cortan una mano y lo vuelven a echar al mar, pudiendo así mantener la especie sin amenaza de extinción. Brindamos por el cangrejo manco. Las cervezas frías y el tequila de despedida nos llevaron a un buen retorno para rematar en la alberca porque el calor está durísimo por aquí en estos momentos llegando a más de 40C.
A PESAR DE NUESTRA MEJOR VOLUNTAD DE salir temprano de la hacienda, el cambio de hora y el cansancio que los jóvenes traen por sus presiones naturales de trabajo no nos permitieron irnos sino hasta las once y media de la mañana, cuando salimos a Mayapán. Como siempre el sitio está casi vacío. Si acaso un total de veinte personas de las cuales la mitad eran niños pequeños. La zona arqueológica es espléndida y fue restaurada en la mitad de los 80s. La visité por primera vez en 1976 con mi amigo el arqueólogo Demetrio Sodi, cuando estábamos preparando el Libro Quetzalcóatl. En aquella época veíamos muchos montones y montes de piedra con algunas escaleras o plataformas y figuras de piedra, ya lastimadas. Ahora la reconstrucción ha demostrado lo vasto del sitio y los elementos del final del período posclásico maya. Existen los mismos elementos que en Chichen Itzá: un templo de los guerreros, una pirámide de Kukulcán, unos templos en plataformas y el consabido cenote. La única diferencia es que cinco siglos después de la época de apogeo de los mayas, es decir en el siglo trece de nuestra era ya se ve el deterioro absoluto de la cultura no solo en la magnitud de los monumentos sino en la calidad de los mismos. Muchas de las escalinatas están hechas más por forma que por convicción, las estatuas lastimadas por la intemperie denotan un cansancio de los artistas y es una viva presentación de que la época gloriosa ya había pasado y el atardecer de los mayas ya estaba cerca. Cuando los españoles llegaron por estas tierras ya habían pasado más de trescientos años desde que Mayapán había sido la última ciudad restante del imperio. Todavía se logran apreciar algunas pinturas murales en el costado de la Pirámide de Kukulcán, así como unos estucos que eran parte de una pirámide anterior, pero como siempre, el emplazamiento de los templos y su majestuosidad, aunque disminuida, nos dieron mucho que pensar de los antiguos moradores de estas tierras,
NUESTRA AVENTURA A SISAL HABIA TENIDO TANTO ÉXITO QUE pensamos repetirla yendo a unos cenotes en Cuzamá o en Homún. En el camino estaban unos jóvenes que habíamos identificados como guías y nos paramos para que uno de ellos nos ofreciera llevarnos a unos cenotes recién arreglados, cerca de Homún, al que ya conocíamos. Lo seguimos en la carretera en la que venía con su vehículo, consistente de una motocicleta con la parte delantera empujando en una plataforma sobre ruedas con una banquita y una lona para protegerse del sol. Al llegar a Homún nos dijo que teníamos que irnos en su vehículo porque en el camino de terracería no podíamos entrar con el coche. Después nos trató de vender unas guayaberas y toda la explicación de la terracería que nos dio varias veces nos parecía algo sospechosa. Además, había muchas gentes por ahí por lo que no nos latió entrar a ningún cenote en estas circunstancias y decidimos regresarnos a nuestro cenote particular, con agua cristalina de la noria, sin gente y con coronitas frías esperándonos, lo que hicimos inmediatamente. ¡Ah que bonita es el agua pura!
LOS MENUS DE TEODOSIA SON DE POCATEPETL puesto que su dominio de la comida yucateca es legendario entre nosotros. La noche de la llegada nos dio panuchos para cenar, hechos a mano y directamente del comal, con su jitomate, lechuga, cebolla morada en vinagre y salsa de habanero. A nuestra llegada de Sisal había una olla enterrada que tenía bola de res envuelta en hoja de plátano con la que preparó un ‘Pib,” o salpicón, delicioso con rábano finamente picado en trocitos minúsculos con cilantro y cebolla y jugo de naranja agria para cenar. Al día siguiente comimos cochinita pibil, que Eloy sacó de la tierra ante nuestros ojos atónitos, con chicharrón que había comprado un par de horas después de que había enterrado la cochinita, a eso de las 4 de la mañana. Y como si eso fuera poco, en la noche del domingo preparó el conocido platillo de los lunes en todo Yucatán, que es frijol con cerdo, para que Xavier lo pudiera probar puesto que él no iba a estar aquí el lunes ya que se regresaba a Los Ángeles. El frijol con puerco lo sirve Teo con trocitos de limón con todo y piel cortados finamente, que se le agregan al caldo de los frijoles y que producen un sabor delicioso en el paladar. El lunes por la noche cenamos tamalitos deliciosos y el martes, poc chuc.
LA TARDE FUE NOCHE DE CUENTOS DEL ABUELO porque Alex y Xavier estaban interesadísimos en escuchar todas mis historias de interprete, de la olimpiada en México, de mis relaciones con el Arq. Ramírez Vázquez y su familia, de la editorial que fundé, de Rosa Luz Alegría, de la Secretaría de Turismo y otros temas semejantes que les parecieron importantes para saber más de mí. Fue delicioso verlos interesados, curiosos y contentos de conocerme un poco más. Y para mí, fue un viaje por el camino del recuerdo
Sería delicia suma
Echarse al agua y nadar
Si estuviera hecho el mar
De Cerveza Moctezuma
CON LAS MEJORES INTENCIONES DEL MUNDO salimos rumbo a Celestún, que se encuentra sobre la costa del Golfo de México, para ver si el mar estaba menos agitado que en Sisal. Desafortunadamente sigue soplando el viento, a pesar del calor intenso y el mar estaba algo revuelto por lo que optamos no entrar y sólo sentarnos en unas mesas en Los Tulipanes y compara los platos con los de Puerto de Sisal. Definitivamente la hueva de lisa estaba más deliciosa y el carpaccio de caracol más duro, pero tenía aceite de oliva con esencia de trufa. Lo que resulto muy bueno fue un boquinete muy fresco que nos frieron entero y del cual Alex seleccionó cada uno de los pedazos que nos fue distribuyendo con cuidado y afecto. Los ceviches y las manos de cangrejo eran iguales. No así el servicio porque nuestro mesero fue muy atento al principio, pero se tardó muchísimo en darnos la cuenta. Teníamos apremio de partir porque Xavier tenía que llegar a su vuelo a México con conexión breve hacia Los Ángeles. De cualquier forma, gozamos mucho el momento y salimos hacia el aeropuerto llegando con suficiente tiempo. Las despedidas son siempre difíciles para mí, pero la enorme alegría que me dio Xavier prevaleció. Nuestra aventura en Yucatán llegaba a otra etapa y los recuerdos de estar con mis dos hijos quedarán siempre grabados en mi corazón.
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