EL PASEO DEL RECUERDO
20 de Febrero 2017
LA LLEGADA A LA CIUDAD DE MEXICO ES IMPONENTE POR aire, como seguramente lo fue también para Cortés que venía por tierra. Si bien, en su caso, la ciudad de Tenochtitlan se veía enorme, con su casi millón de habitantes, ahora se ve gigantesca con sus más de 20 millones. El aire después del medio día está siempre turbulento al acercarse al aeropuerto y esto lo noté desde la primera vez que salí en avión de la ciudad a esa hora rumbo a Guatemala, en mi época de intérprete. Ahora además de las enormes concentraciones de viviendas populares multifamiliares, que todas son iguales, está la enorme variedad de rascacielos que han brotado como hongos en varios distritos de esta mega polis y los contrastes no dejan de ser severos, por la inequidad del poder adquisitivo de enormes sectores de la población. Un artículo reciente en el New York Times habla de los graves problemas que los cambios climáticos han traído a CDMX porque el agua está siendo cada vez más escasa. Y la distribución de este líquido vital se hace por acueductos y tuberías, pero también por pipas, que son los camiones tanque, y hasta por burros cargados de enormes botellas de plástico en donde las pipas no pueden llegar. Pero la verdad devastadora es que una familia que gana $12 mil al mes gasta $1,200 al mes para consumir 40 litros por día, mientras que en las zonas en donde no hay burros, ni pipas, sino tuberías, el agua cuesta $120 pesos al mes para consumir 400 litros por día y los ingresos de esas familias son de $120 mil al mes. Tragedias contemporáneas sin solución a la vista.
ALEX HABIA CONSEGUIDO UN HOTEL MERIDIEN PARA NUESTRO alojamiento el primer día, ya que adelantamos nuestro viaje a esta ciudad. Esplendida ubicación en el mero Paseo de la Reforma, unas cuadras al este de Insurgentes Sur y con vistas maravillosas. Ya instalados con gran confort nos fuimos a comer al San Ángel Inn que está en la calle Diego Rivera (cosa que yo no sabía hasta que vi la dirección.)
LA LLEGADA AL “ANTIGUO RESTAURANT SAN ANGEL INN” es siempre un placer, no solo por la extraordinaria belleza de las construcciones y de los patios y jardines lugar sino porque ahora Alex es conocido de uno de los Capitanes que lo recibió con mucha alegría. Cuando entramos al patio y vimos la capilla que se encuentra del lado izquierdo me acordé que esta hacienda fue construida por los Carmelitas con el propósito original de edificar un monasterio, mediante concesión otorgada por Carlos III. El monasterio nunca fue tal pues se convirtió en hacienda y la familia de Ramón Goicoechea en 1776 integró la propiedad a su propia hacienda, como dice la placa a la mera entrada del ahora restorán. La famosa Fanny, Marquesa Calderón de la Barca autora de La Vida en México, Durante Una Residencia de Dos Años en este País escribió su libro allí. Fanny era la esposa del primer embajador de España en México y amigo del dueño de la hacienda por lo que los embajadores en alguna ocasión se instalaron ahí. ¡Recuerdo que Manuel Alcalá me regaló el libro de La Vida en México en inglés y no entendí muy bien porqué, puesto que la autora era la Marquesa Calderón de la Barca, hasta que me enteré que el original era en inglés porque Fanny era inglesa! Y Manuel, que era un erudito quiso halagarme (y a Michel) regalándome el libro original.
Otro autor que escribió sobre la hacienda fue el célebre poeta José Zorrilla (autor de Don Juan Tenorio - clásico teatro de la época de Día de Muertos en México) que menciona en otro libro suyo la fuente de mármol florentino de la hacienda. Fue allí donde los caballos de Pancho Villa y de Emiliano Zapata bebieron agua, mientras esperaban que sus amos terminaran de dividir el territorio del país en Norte (Villa) y Sur (Zapata), durante su llegada triunfal a la capital en 1914. Posteriormente, la antigua Hacienda Goicoechea se convirtió en una fábrica de pulque de aproximadamente 400 hectáreas, y alrededor de 1906, fue adquirida por la San Ángel Land Co. que creó una urbanización llamada Altavista (como la calle en donde iban al Liceo Alex y Lilou). El edificio principal o casa se convirtió en un famoso hotel y restaurante llamado San Ángel Inn, operado por una mujer francesa llamada Madame Roux hasta que en los años 60s la familia Debler lo transformó en el ahora muy famoso “Antiguo Restaurant San Ángel Inn.” El restorán estaba recién inaugurado cuando Michel, nos llevó con Mamita y la Chunca a comer ahí y, desde entonces, ha sido uno de mis favoritos.
Como era de esperarse el Capitán nos atendió de maravilla y comimos Ensalada Cesar y Châteaubriand con Salsa Bearnesa y Tostadas de Pata de Res y Lengua de Res a la Veracruzana, rociado todo esto con un Rioja delicioso que escogió Alex y que nos recomendó un joven Sommelier, muy enterado de muchos vinos.
ADEMAS DE LA BELLEZA DEL LOCAL ES LA FAUNA PRESENTE lo que es un verdadero espectáculo. Cada mesa es una viñeta de una parte social de México: la de las amigas que se reúnen para criticar a las ausentes; la de la familia del Patriarca, con sus hijas y yernos que están celebrando al Abuelo; la de los ejecutivos que pueden quedarse platicando cuatro horas; la de la señora que se hizo la cirugía plástica y que, de plano, no le quedó; la de los padres con la joven pareja que trajo a su bebé y a la nana que no se sienta a la mesa. Y a todo esto, además el desfile de modas de los vestidos más estrafalarios: unos parecen para una sesión de sado masoquismo por la multitud de cintas que trae cruzadas por el corpiño y la cintura; otros parecen salidos de un sueño de locura de un mal diseñador que ingirió hongos alucinógenos; otros que , para esconder las redondeces de sus dueñas, parecen pirámides de tela; y aun otros más que nunca tuvieron su momento pero que sus dueñas no saben a quién dárselo y desde luego que no a “la muchacha.” El hecho es que Alex y yo, además de comer muy bien, nos pasamos un buen rato de criticones de este espectáculo de Circo de Moda.
EL PASEO DEL RECUERDO EMPEZÓ EN LA CASA DE LOS AZULEJOS adonde Alex y yo llegamos a desayunar y a contar historias de la vida de Michel cuando era abogado y trabajaba en un edificio al lado. El antiguo patio de esta casa de los Condes de Orizaba tiene una preciosa fuente en un costado y vistosos murales en el costado opuesto, así como en la escalera; este último, Omnisciencia, tiene una imagen que, pintó Orozco en 1925 y que, después volvió a pintar en el museo que está en Pomona College. (Me tocó arreglar el permiso de exportación de los bosquejos de Orozco a solicitud de un Trustee de la Getty que me lo pidió. Los bosquejos están en Pomona y de esto se publicó un libro que tengo en la casa.) La fachada de la casa está cubierta por azulejos de Talavera que, según cuentan, los colocó la viuda de uno de los condes de Orizaba, que era de Puebla. Salimos a Madero, que ahora es una calle peatonal y que se llamó en un momento San Francisco, por el templo del mismo nombre que ahí se encuentra y más tarde Plateros porque ahí se habían instalado algunos negociantes en ese metal. Pasamos frente a Madero 16, en donde Michel tuvo su despacho hacia finales de los 50s hasta que se retiró a mediados de los 60s. Seguimos caminando hacia el Zócalo y pasamos frente al local de La Esmeralda, en donde mi Mamá Pepita me llevaba de vez en cuando a ver “aretitos”. La Esmeralda ya no existe, pero en sus altos está El Museo del Estanquillo que ahora tiene una exposición de los objetos del escritor Carlos Monsivais con muchos retratos dibujados y otros en fotografías, asi como una colección de los monitos de Rius y de la Familia Burrón, tiras cómicas que en los 60s y 70s invadieron a México con su crítica social. Algunas de esas tiras están representadas en esculturas multicolores y tridimensionales muy interesantes. Después pasamos por la calle de Palma, en donde Mamita me llevaba a comer una “media luna” que era una especie de hot dog chiquito, que acompañaba de un Sidralí, refresco de manzana. Este local estaba al lado de donde Michel tuvo su primera oficina, en su segundo año de leyes, que abrió con mi tío Mario, el papá de María Eugenia, cuando anunciaban en los avisos de ocasión “Divorcios Rápidos. 50 pesos.” De ahí llegamos al Zócalo, desde donde vimos el primer despacho profesional de Michel, que tenía con Faustino Estrada, frente a Palacio Nacional, desde donde veíamos el desfile militar del 16 de Septiembre. Alex se acordó que también había visto un desfile militar cuando el arquitecto Eduardo Rincón Gallardo nos invitó a su oficina, en el Departamento Central, cuando era Subsecretario, con gran regocijo de Lilou, Alex y Xavier, que estaban pequeños. Vimos también el edificio de la oficina del Dr. De la Rosa, amigo de mi tío Mario y de Michel, en donde Mamita y Michel se conocieron. Regresamos por la calle Cinco de Mayo pasando por el Café La Blanca en donde Michel y Mamita a veces merendaban, de novios, un café con leche y un pan dulce, por la cantina La Ópera, en donde Michel instigo a la tia Lupita y a la tia Mary a que se echaran sus copas y por los Dulces de Celaya, establecimientos también de aquella época en que vivíamos en México.
CUANDO VIVIAMOS EN PEÑAS CAYÓ UNA ENORME TORMENTA y le pregunté a Rosalía quien podía auxiliarnos porque la recamara de Alex tenía un chorro de agua que caía al lado de su cama. Me sugirió que su hermano Alfonso, que era constructor, viniera ayudarnos y, afortunada y rápidamente Alfonso resolvió el problema. Nos estábamos acordando con él de esto, que sucedió en 1975, fecha en que nos conocimos, porque tanto Alfonso como Juan Carlos, el otro hermano de Rosalía estaban en casa de ella, junto con Agustín Espinosa, a quien conocimos Rosalía y yo en 1986 con motivo de la primera conferencia de la Getty que organicé aquí. También estaba Ceci, la esposa de Agustín. Comenté que a pesar de conocernos hace tantos años nunca hemos tenido un malentendido, un mal momento o una dificultad de algún tipo y nuestras relaciones han siempre sido de lo más respetuosas, cariñosas y honestas. Rosalía nos había invitado a comer en su casa unos betabeles con trucha salmonada ahumada, unos camarones a la mandarina y un guisado de mariscos en tinta de pulo acompañados de un arroz con fideos. Sensacional y opípara comida, de tal forma que al regresar al hotel, opté por meterme a la cama temprano y dormirme.
VISITAMOS A AGUSTIN Y CECI EN SU TALLER DE SANTA María la Rivera, que tienen en una casa antigua que están restaurando. El taller tiene ahora un enorme cuadro de la Catedral de Puebla pintado por Villalpando que es sin duda el mejor pintor de la Colonia en América Latina y que mide unos 4.50m por 9.00m y que será, sin duda alguna, la obra más imponente que se exhibirá en el Metropolitan Museum of Art en una exposición que se va a llevar a cabo pronto... Muchos recuerdos de Esplendores pasaron por mi mente. Ver a los restauradores montados en unos andamios, trabajando a cinco metros de altura ante estas obras monumentales es siempre un espectáculo de azoramiento. Este sentimiento no nos acompañó cuando fuimos al Museo Soumaya que contiene la colección de Carlos Slim. Es una colección eclética que, a diferencia de la de Carlos Monsivais, no muestra para nada el ojo del coleccionista. Hay una sala que sólo tiene monedas, sin ningún tipo de cedulas que expliquen qué son o porqué son importantes. Otra sala contiene marfiles de Asia, que son interesantes, pero están presentados como objetos, no como artefactos culturales, por lo que no conocemos muy bien su función. Otra sala tiene pintura novohispana o europea. Una, en particular, me impresionó porque, aunque la cédula dice que es de 1623, la pintura dice, a mi ojo, que es de 1993 por el color, la textura y la pobre calidad de la pintura. Un pequeño Greco está enrollándose y ya se saltó del marco…Mucho dinero, mal utilizado, un museo mal diseñado y un guion museográfico inexistente se conjugan para pensar que es una lástima que una inversión tan grande no tenga la calidad que el monto de la inversión merece.
DECIDIMOS AHOGAR NUESTRA DESILUSION CON UNOS TEQUILAS en el Bellinghausen, fundado por el cocinero de Don Porfirio, allá en 1915, dándole así un broche de oro a una semana maravillosa que empezó con la enorme sorpresa de la presencia de Xavier y acabó con la enorme alegría de haber compartido momentos tan agradables y tan llenos de amor y de diversión, de bromas y de profundidad, de descubrimientos mutuos y de afianzar el amor que nos tenemos y planear un futuro que nos espera para mayores aventura y mayores experiencias familiares.
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